Tomar la decisión de emprender

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¿Cuándo supiste que ibas a ser emprendedor? Probablemente lo hayas deseado siempre, quizás aprendiendo del ejemplo de tus padres o algún familiar cercano. Suele pasar, hay quien tiene claro que quiere ser funcionario, quien sólo quiere trabajar en lo que le gusta ya sea por su cuenta o por cuenta ajena, y quien necesita ser dueño de su destino. Pero todos aquellos que deciden emprender un proyecto, han tenido que tomar esa decisión algún día.

Una decisión que les cambiará la vida para siempre y que no suele ser fácil. Para poder tomarla, hay que estar muy seguro de la idea de negocio, pero sobre todo, hay que estar muy seguro de uno mismo.

Si lo tuyo es una vocación, o una pasión concreta, no necesitarás mucho tiempo para darte cuenta de que lo que quieres hacer, como lo quieres hacer, sólo lo conseguirás si estás tú al mando.

Pero si la decisión de montar un negocio propio está motivada por otra necesidad más real como es la de salir adelante con una fórmula de autoempleo, las dudas sobre si es demasiado pronto, o demasiado tarde, te asaltarán.

Desde aquí no te quiero engañar. Ser emprendedor es una cuestión seria y difícil que no puedes tomar a la ligera. Te recompensará como no puedes imaginarlo con miles de pequeños detalles, pero también te hará pasar noches sin dormir. Yo siempre lo comparo con ser padre. No puedes hacerlo a la ligera, pero al final, ver crecer algo propio siempre compensa.

Y siguiendo con el símil… ¿A qué edad es conveniente parir una empresa?

El éxito de un negocio depende de dos factores: la capacitación profesional y la fuerza de empuje. La experiencia y la vitalidad. Y esas dos cualidades no es fácil que se den al mismo tiempo.

En España, cuando se habla de emprendedores, en gran medida porque lo que abunda son los proyectos digitales on line, se está intentando proyectar a los jóvenes la necesidad de que arriesguen y no estén pensando en buscar un trabajo por su cuenta nada más salir de la universidad. Y si bien yo estoy totalmente de acuerdo en que hace falta potenciar la cultura emprendedora, también creo que lanzar a jóvenes recién titulados a esa aventura es prolongar perpetuamente la media de tres años en la vida de las empresas de nueva creación. La gran mayoría no sobreviven más allá. Especialmente con nuestros planes de estudios que no incluyen materias como marketing o gestión.

Por otra parte, en la situación actual, los mayores de 45 años comparten con los más jóvenes la dificultad de encontrar un empleo. En un absurdo, muchos empresarios prefieren contratar a inexpertos moldeables antes que a profesionales contrastados. Y ambas cosas juntas son un auténtico desperdicio para un país que necesita crear riqueza estable. Estamos desperdiciando la fuerza de unos y la experiencia de otros.

Si yo pensara invertir en una Start Up, confiaría más en la que reuniera ambas cualidades. Un proyecto formado sólo por jóvenes brillantes, puede carecer de la formación que sólo se logra con el paso del tiempo y los errores solucionados anteriormente. Mientras que una en la que todos sean de la vieja escuela, podría estar obsoleta nada más nacer.

La edad es algo más mental que físico, eso puedo garantizarlo personalmente, pero los años, y lo que se vive, no es algo virtual.

Si eres emprendedor, intenta sumar a tu equipo esa parte que te falta. Asóciate o contrata a alguien joven si ya no lo eres tanto en el carnet de identidad, o busca a un experto con el que la mitad del camino ya esté recorrido. Tanto uno como el otro deberán ser humildes, eso sí. El joven deberá motivar al adulto para no conformarse. El adulto deberá recordarle que la empresa debe seguir abierta mucho tiempo más allá del subidón inicial. Eso además fomentará desde el principio la cultura del trabajo en equipo.

No hay una edad para emprender. Hacen falta ganas. Las canas, también, pero eso es algo que con seguridad llegará con el tiempo. ¿Por qué esperar a disfrutar de lo bueno que tienen?

Acabo con una cita atribuida a Joan Manuel Serrat: Quien a los 20 años no es revolucionario no tiene corazón.  Quien a los cuarenta sigue siéndolo, no tiene cabeza. Y os aseguro que una empresa, necesita ambas cosas.

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