La identidad emprendedora: personalidad antes que profesionalidad

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Si eres un “emprendedor de raza”, es decir, de convicción y no de pose, no caeré en el error de darte en estos posts un consejo sino en todo caso y con mucha humildad, unas sugerencias. Éstas, no provendrán de ningún libro, manual o receta leída o escuchada a algún gurú de los negocios y la tecnología en un ecosistema tan efímero como irreproducible, sino más bien de mi propia vida, trabajo, pensamiento-observación, experiencia internacional y vocación comunicacional. La primera de las sugerencias se basa en la identidad personal.

El mejor representante e interlocutor de tu proyecto empresarial eres sólo tú. Es decir, no te amilanes ni busques a otros para representarte públicamente por el hecho de no hablar hoy lo suficiente bien en público, por contar con una imagen mejorable o incluso por no haber sido capaz de articular un discurso de captación lo suficientemente convincente y natural a la hora introducir a públicos diversos (socios, inversores y clientes) tus productos, servicios o sueños.

Es una gran quimera creer que la comunicación interpersonal es tarea de otro, de los especialistas y no de uno mismo. En su lugar, prepárate para ello. Reivindica tu propia personalidad y lugar en tu sector o industria por la vía de encontrarte primero como individuo (sé autocrítico primero y constructivo, después). Sé persona antes que profesional. Aíslate unos días para ello si hiciera falta. No seas nunca actor ni te apuntes a un curso barato y rápido para aspirar a serlo. No quieras ser como otro (no finjas ser quien no eres) y piensa que la imperfección de un carácter bien marcado pero abierto, generoso y empático, otorga credibilidad y no deja corporativamente indiferente a nadie.

Bien es cierto, que una autoconfianza desmedida –sin control- como persona puede conducir como poco a una extravagancia poco recomendable a la hora de profesionalmente vender, comprar, aliarse y de humanamente vivir en sociedad. Por dicha razón, para no caer en la tentación del parecer antes del ser, invierte primero tiempo y esfuerzo en descubrir el segundo de ellos. Tras haberlo hecho no sólo atraerás, seducirás y competirás mejor en el mercado, sino que cuando te mires en el espejo por las mañanas no fijarás tu atención en donde estás (en el presente) sino a donde irás (en el futuro). Bienvenido a partir de dicho momento a la identidad emprendedora.

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